El artículo 8 de nuestra Ley de Marcas enumera las prohibiciones de registro de una marca u otro signo distintivo cuando afecta los derechos de terceros.

En general, la ley establece prohibiciones en circunstancias donde la marca es idéntica o similar a una registrada o pendiente de registro, y protege los mismos bienes y servicios o bienes y servicios similares, de manera que pueden causar confusión a los consumidores.

Pero, ¿cuáles son las normas para evaluar el riesgo de confusión?

En Costa Rica, el criterio legal para determinar el grado de similitud y el riesgo de confusión entre los consumidores se encuentra en el artículo 24 del Reglamento a la Ley de Marcas, Decreto Nº 30233-J.

Estas reglas consideran varios factores que deben apreciarse globalmente, teniendo en cuenta todos los elementos relevantes y las circunstancias específicas de cada caso.

Algunos de los factores más importantes incluyen el reconocimiento de la marca en el mercado y la asociación que pueden hacer que los consumidores entre los dos signos en cuestión. En otras palabras, el riesgo de que el público podría creer que los bienes y servicios proceden de la misma empresa, o que las empresas están vinculadas económicamente.

Otro aspecto fundamental es el factor distintivo de la marca. Un método general para evaluar el carácter distintivo de una marca es considerar la reacción del consumidor a una marca.

A manera de referencia, los factores enumerados en el artículo 24 del Reglamento para determinar la similitud entre marcas tanto para la realización del examen de fondo como para la resolución de oposiciones son los siguientes:

A.    Los signos en conflicto deben examinarse en base de la impresión gráfica, fonética y/o ideológica que producen en su conjunto, como si el examinador o el juzgador estuviese en la situación del consumidor normal del producto o servicio de que se trate.

B.    En caso de marcas que tienen radicales genéricos o de uso común, el examen comparativo debe hacerse con énfasis en los elementos no genéricos o distintivos;

C.     Debe darse más importancia a las semejanzas que a las diferencias entre los signos;

D.    Los signos deben examinarse en el modo y la forma en que normalmente se venden los productos, se prestan los servicios o se presentan al consumidor, tomando en cuenta canales de distribución, puestos de venta y tipo de consumidor a que van destinados;

E.     Para que exista posibilidad de confusión, no es suficiente que los signos sean semejantes, sino además que los productos o servicios que identifican sean de la misma naturaleza o que pueda existir la posibilidad de asociación o relación entre ellos;

F.     No es necesario que haya ocurrido confusión o error en el consumidor, sino es suficiente la posibilidad de que dicha confusión o error se produzca, teniendo en cuenta las características, cultura e idiosincrasia del consumidor normal de los productos o servicios;

G.    Si una de las marcas en conflicto es notoria, la otra debe ser clara y fácilmente diferenciable de aquella, para evitar toda posibilidad de aprovechamiento indebido del prestigio o fama de la misma.